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POR LUIS HEREDIA, escritor y abogado

De acuerdo, es posible que esto ya lo supongamos todos; no, no me he vuelto loco, aún. Pero también es cierto que todos los que ahora os paráis un momento conmigo vivís como yo, a la carrera, y nos olvidamos de lo más básico, de lo más importante que está a nuestro alrededor y que no nos detenemos a valorar: ¡Los nuestros y la salud! Y cuando digo “nuestros”, a todos os ha dado un puntazo en el corazón porque sabéis a quién me refiero. Vivimos como si no nos fuéramos a morir nunca, acumulando si es posible, trabajando de sol a sol (entiendo que muchas veces  es por necesidad o porque no hay otra cosa) y nos hemos montado en un tren del que solo nos bajara la realidad. Mañana, esta noche, quizás en un momento, se ha terminado todo y no nos hemos parado ni un solo instante a decir cuánto nos importa él, ella, ese pequeño que a veces nos tiene hasta los coj….con sus travesuras. Y sin embargo todos tenemos una fecha de caducidad, una fecha que en ocasiones está cercana y, sin saberlo, seguimos empeñados en discutir con quienes más queremos, con nuestros hermanos, con nuestros hijos, por razones de esta o aquella factura. Por eso o quiero decir que si estáis enfadados con alguien cercano al que queréis, desenchufar la ira y llamarlo.

Si quieres saber qué somos date una vuelta por el hospital, por la planta de niños enfermos, por la de enfermedades en ocasiones terminales de muchos jóvenes y menos jóvenes. Te darás cuenta que nada en este mundo es tan importante como tu propia salud y vivirla con quienes más amáis. No soy cura, no, pero hace tiempo que vivo día a día, sin importarme el mañana. Disfruto cada instante dando las gracias por ver un nuevo amanecer, por ver salir el sol, por sentir el aire en mi cara. Os doy un consejo: en un segundo ya es tarde, muy tarde. Así que haz lo que indica el título de esta mi opinión, que compartirás o no, pero que no deja sino el sentir de lo simple que es la vida, de lo sencilla que es esta y de lo difícil que nosotros mismos la hacemos muy a menudo. Yo pienso vivir, mientras la salud me lo permita y también disfrutaré de los míos, de los nuestros, mientras su salud también se lo permita y le pegaré una patada a todo aquello que me produce desasosiego, inquietud, amargura y que al final se traduce en dinero. Sé que puede en ocasiones ser el Dios de la tierra, pero en el mismo momento en que sepas que estás aquí dos días te parecerá menos importante, más insignificante, borrarás de tu cerebro lo que desde pequeños hemos mamado: acumular para vivir bien y, sin embargo, vivir bien es dar gracias a todos por el nuevo día, sonreír, ayudar y decir cuántas veces os salga de las narices cuán importante es quien te rodea y de verdad te importa y cuánto lo queréis. Decírselo, no pasa nada. Vive, porque sabes que vas a morir, algo que nos hace igual a todos, sin distinguir razas ni si tienes más o menos y si eres de más o menos importancia social. Pero si no vives, si sigues quejándote por gilipolleces, entonces ya estás muerto o muerta en vida. En serio. Te queda poco o mucho, pero ama sin dejar un solo instante a que el cerebro te venza y te lleve a su lado negativo, porque si das, ayudas, sonríes y encima lo haces con salud si la tienes, entonces ya estás viviendo dos vidas.

PARA MI AMIGO JUAN EL KOREANO QUE ESTÁ EN PLENA LUCHA POR VIVIR. PARA QUE LO CONSIGA Y PODAMOS DECIRLE LO GRANDE QUE ES. PARA MI PADRE

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