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POR ÓSCAR J. LABELLA, abogado y autor del blog Bajo la Toga

Quizá hoy sea el día en que venga a hablaros del tema más pavoroso. El título del artículo ya avanza que trataremos sobre un asunto que está a la orden de día. Quizá al día sí pero según muchos, a la orden no. Sí volvemos la vista atrás, resulta difícil concretar cuáles fueron aquellos años donde empezaron a aparecer los primeros casos de corrupción, aquellos años en los que despertó la inseguridad del pueblo español en su políticos. Lo que no resulta tan complejo, es entender que tal promoción fue, cómo no, gracias a la divulgación de los medios de comunicación y, a que el dinero que los políticos ‘robaban’ venía de todos los españoles que, por entonces, sufrían el pico de la caótica crisis económica.

Hoy vengo a hablaros, precisamente, de este epidemia: ‘LA MANIPULACIÓN MEDIÁTICA’.

Hace tiempo que no creo en los medios de comunicación. Ni en unos ni en otros. Todos buscan la crítica fácil, analizan los casos con pinzas e introducen cualquier asunto con títulos que pueden inducir al error o engaño. Conocemos unos cuantos casos de corrupción, que están en boca de tantos. Así lo ha querido la prensa, así lo ha querido el pueblo. Por lo que veo innecesario detallar una lista con cada uno de ellos. Para los que conocemos el mundo del derecho, sabemos que no se puede criticar o valorar una decisión judicial sin antes hacer un minucioso estudio del expediente y, además, leer detenidamente la resolución, que como también sabemos, algunas sentencias vienen en judicialés y ni leyendo punto por punto la comprendemos. Sin embargo, los periodistas sí pueden analizar y criticar cualquier caso a pesar de no tener conocimiento. Me vais a perdonar que sea tan brusco pero no entiendo como pueden imputar a un reo cuando tan solo está siendo investigado y no existe sentencia condenatoria alguna. ¿Dónde queda la presunción de inocencia?

Un procedimiento judicial puede durar meses o, incluso, años. El problema viene cuando los medios de comunicación condenan como corrupto al político de turno sin haberse estudiado el caso. Entiendo que se vulnera el derecho a la intimidad por sus cuatro costados. A mi no me importa que se apellide, López, García, Urdangarín, Barberá o Blesa. Cuando un procedimiento está en juego, la presunción de inocencia es igual para todos, porque todos somos iguales ante la ley. Porque cuando un marido es investigado por malos tratos, no se le ‘insulta’ hasta que sale sentencia condenatoria, mientras tanto existe un 50% de posibilidades de que sea una denuncia falsa por parte de la señora.

Mi pregunta entonces es la siguiente, ¿por qué si es la Infanta o Urdangarín, o el político de turno, digamos Rita Barberá o Miguel Blesa, olvidamos la presunción de inocencia, y a la primera imagen en el telediario, le tachamos y amasacramos con insultos como ‘ladrón’ o ‘chorizo’ sin esperar a que se dicte sentencia?

Lo peor de todo no es este defecto procesal de la presunción de inocencia. Lo verdaderamente insoportable, es que se dude sobre la profesionalidad de nuestros jueces o magitrados. Yo soy el primero que deseo ver desaparecer los aforamientos, considero que se trata del mayor privilegio en cuanto a justicia se refiere. Pero no olvidemos que, por ejemplo Urdangarín, no era aforado, fue juzgado, por tanto, por un profesional que se ha tirado sus años estudiando y preparando una de las oposiciones mas duras de este país. Para que luego, los ciudadanos de su mismo país, lo critiquen, lo evalúen y lo tachen de imparcial. Lo más horrible es que los propios juristas empiezan a adoptar esta postura. Se cuestiona la honradez de un profesional que ha dedicado parte de su vida para conseguir un asiento en el tribunal. Para mí, estas personas se merecen Respeto, con mayúscula.

Y como ya he mencionado anteriormente, el origen del problema está en los medios de comunicación que manipulan la mente de los que desconocen y generan odio hacía los que se conocen.

Últimamente, estamos siendo testigos de suicidios por parte de personas reconocidas. Vimos caer a Rita Barberá, y hace poco a nuestro paisano, Miguel Blesa. No digamos que se lo buscaron, pues ambos estaban siendo investigados, ambos merecían un respeto. Estamos equivocados. Confundimos la libertad de opinión, la libertad de expresión, con el abuso mediático. Cualquiera puede hablar de cualquiera. Pero recordemos que nuestro derecho acabo donde empieza el suyo. Esto es lo conocido como Límite de Derechos. Por eso pido por favor, respeto. No matemos a más gente. Estas personas reconocidas en todo el panorama nacional tiene derecho al honor y a la propia imagen. En definitiva, a la intimidad.

¿Sólo yo siento lástima por la hija de Belén Esteban? ha sido cumplir los 18 años y está siendo atacada por su aspecto físico, algo tan lamentable como superficial. ¿Y tenemos la consciencia tranquila cuando compartimos las imágenes con el único fin de conseguir la risa fácil, la humillación?.  La rabia que me invade me levitan los dedos sobre el teclado que fácilmente se dejan caer para que se traduzca toda la ira que llevo dentro desde hace tiempo y adopte esta forma de artículo. Artículo de reflexión. Palabras de impotencia.

Para terminar deciros, que tanta culpa tiene el que escribe como el que lee. Los medios de comunicación sacan lo que interesa al público, es obvio. Por eso, una vez nos pido. RESPETO.

 

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