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POR MANUEL VIVAS MUÑOZ

Cada vez con más frecuencia he podido comprobar, no sin cierto estupor, como en medios prensa, televisión, publicidad y también en el dialogo cotidiano de la calle y  profesional de algunos restauradores de renombre, como se utiliza la palabra AOVE para referir al gran nombre y excelencias del Aceite de Oliva Virgen Extra.

Creo que están cayendo en un grave error quienes utilizan ya de manera habitual esta abreviatura, desnaturalizando lo que significa su nombre original y no contribuyendo demasiado a divulgar en su justa medida este sin igual producto y su origen agroalimentario. Opino que deberíamos dejarnos de modismos simplificadores y nombrarlo como es debido,  con todas sus letras “Aceite de Oliva Virgen Extra”, de esta manera, ahora que parece que estamos en el buen camino de conquistar fronteras, mercados, cocinas y paladares importantes de todo el mundo, contribuiríamos de mejor manera a internacionalizar  y promocionar las bondades y excelencias de nuestros aceites y denominaciones de origen, que manan de un inmenso  paisaje del olivar andaluz del que la provincia de Jaén se siente orgullosa de ser la mayor productora de este tesoro líquido y Jaén, por supuesto, su Capital Mundial del Aceite de Oliva. Aunar esfuerzos hacia el objetivo común de enaltecer, poner en valor y llevar por bandera allende nuestras fronteras el significado y virtudes de este producto, con grande y bello nombre propio, nos beneficiaría mucho a todos.

Hemos asistido recientemente a la feria internacional de Expoliva 2017, un escaparate importantísimo para mostrar a España y al mundo, una edición más, el potencial que realmente tiene el sector del olivar, la cultura del aceite de oliva y sus industrias afines en nuestra provincia y en Andalucía. Es verdad que desde estas instancias, Diputación Provincial, Universidad de Jaén,  sectores técnicos oleícolas y sus profesionales más especializados, se ha tratado con delicadeza la marca “Aceite de Oliva Virgen Extra”. Por ello, hay que seguir en ésta línea y ser muy críticos con el uso de iconos, códigos y abreviaturas por parte de los productores y comercializadores, porque podrían correr el riesgo de que al final de todo se llegue a conocer el producto más por su abreviatura AOVE que por Aceite de Oliva Virgen Extra, con toda las grandeza que guarda y significa su gran nombre, que evoca origen, producción, aromas y sabores perpetuados desde remotos tiempos; aceite ya exportado por romanos, cultivado y apreciado por judíos, árabes y cristianos. Tradición y cultura del olivar otrora sufrida y decadente, que hoy es cuidada con mimo por nuestros aceituneros, herederos y dueños de una experiencia de siglos en esta labor agrícola, a los que no podemos defraudar con ligeros sobrenombres sin contenido y debemos reconocer el fruto de su trabajo. Nos conviene, reitero, dejarnos de abreviaturas cuando éstas no sean absolutamente imprescindibles y esforzarnos todos por divulgar en la mayor medida posible el nombre del “Aceite de Oliva Virgen Extra”, con todas sus letras y trascendencia.

 

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