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POR CARMELA COBO, psicóloga y sexóloga 

“Salud sexual es un estado de bienestar físico, emocional, mental y social relacionado con la sexualidad, no es solamente la ausencia de enfermedad o disfunción. La salud sexual requiere un enfoque positivo y respetuoso de la sexualidad y las relaciones sexuales, así como la posibilidad de tener experiencias sexuales placenteras y seguras, libres de coerción, discriminación o violencia.” (OMS, 2002)  Durante esta semana se ha celebrado en Punta Umbría el 25º Congreso de SAMFyC (Sociedad Andaluza de Médicos de Familia y Comunitaria) al que he sido invitada junto con un grupo de profesionales de la sexología para realizar unos talleres abordando la salud sexual de las personas. Ha sido mucho lo que durante estos días hemos hablado de salud sexual y de lo que supone para las personas disfrutar de ella. Es por eso por lo que empiezo mi artículo con la definición de salud sexual que hace la Organización Mundial de la Salud.

Para que la salud sexual se alcance, todos los agentes de salud tenemos mucho que aportar. Perseguimos la salud sexual de los adolescentes, de los adultos, de las personas mayores, o como dice Félix López, “viejas” que es una palabra preciosa, de los enfermos o afectados de cualquier patología hay, como digo, mucho trabajo para todos. Hoy sin embargo quiero centrarme en el trabajo personal de cada uno y de cada una. ¿Qué puedo hacer yo para mejorar mi salud sexual? Partiendo de que ya hacemos cosas para cuidar nuestra salud física, que otras cosas puedo hacer para cuidar mi salud sexual. Quiero reflexionar sobre algo que es imprescindible y básico para la salud sexual y que; en nuestra sociedad carente de educación sexual aún no somos capaces, en la mayoría de los casos, de concedernos, “el permiso”. Para alcanzar la salud sexual es imprescindible que nos demos permiso.

El primer permiso que tengo que darme es el permiso a disfrutar. Para disfrutar tengo que querer a mi cuerpo y aceptarlo como es.  La única herramienta con la que puedo disfrutar de verdad mi sexualidad es el cuerpo. Tengo que darme y darle permiso a mi cuerpo para sudar, para gemir, para reír en definitiva  para sentir.
Otro permiso que tengo que darme es el permiso a pedir y para eso es imprescindible hablar. Hay que hablar de sexo, otra gran carencia de nuestra sociedad. Hablar de sexo en familia, hablar de sexo con nuestros médicos, hablar de sexo con nuestros educadores,  hablar de sexo en el ámbito académico entre los profesionales de la salud. Pero sobre todo hablar de sexo en pareja, pactando limites, derribando limites, proponiendo, sugiriendo, innovando, llegando a acuerdos, renovando acuerdos alcanzados anteriormente, el sexo no solo se hace también hay que pensar el sexo, y hablar el sexo.
Es necesario que, de una vez, nos liberemos de los fantasmas culturales que han cargado la sexualidad de culpa y suciedad y empecemos a darnos permiso. Que la salud sexual sea un valor en alza, y que forme parte de los objetivos de agentes de salud, educación, administración, y personales. DATE PERMISO Y FELIZ SEXUALIDAD.

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