OPINIÓN | Jaén, graves carencias urbanísticas y falta de creatividad

POR ENRIC CABECERANS 

Cuando en 2011 cambié mi residencia de Granada a Jaén, pude apreciar lo que considero una falta de claridad en lo que concierne a la idea que tienen los políticos del Ayuntamiento con respecto a su ciudad. Una ciudad que, por ser capital de provincia, debería ser la referencia de todo su entorno, y que, sin embargo, se manifiesta con graves carencias urbanísticas y con una falta de creatividad enorme para encarar los problemas propios que genera la idiosincrasia jienense.

La gestión de los residuos es una de las cuestiones más urgentes que debiera ser solucionada. Existen zonas, especialmente del casco antiguo, desprovistas de puntos de recogida de basura, y éstas se acumulan en las calles al atardecer, creando una imagen de ciudad sucia y maloliente que no se remedia, ni siquiera, las noches con actos especiales, como la Noche en Blanco. Del mismo modo, la degradación de las calzadas, las aceras, los parques, los solares abandonados, etc., indica un estado de abandono y una falta de mantenimiento que contrasta con otras ciudades no ya de otras comunidades sino de la propia provincia. Es una imagen lamentable.

La gestión del tráfico y de los transportes públicos también es manifiestamente mejorable. A veces parece que las decisiones se toman en perjuicio de la mayoría. Por citar un ejemplo evidente, la apuesta por el tranvía es una de estas decisiones que en vez de mejorar los servicios públicos, ha perjudicado  al conjunto de la ciudadanía. Una infraestructura cara, que unos políticos miopes impusieron sin un estudio serio y real de viabilidad, que no ha podido implementarse por su alto coste, y que, además, en poco puede mejorar la vida de los ciudadanos. Lo que si ha quedado para todos los habitantes es una deuda millonaria. Y como suele ser habitual, nadie se hace responsable del fracaso…

Estamos en 2017, seis años después y la situación, lejos de mejorar, se ha enquistado. La deuda per capita es la más alta de todas las ciudades con más de 100.000 habitantes, y la gestión del consistorio sigue siendo muy deficiente. Con un patrimonio histórico y cultural como el que posee la capital del Santo Reino, debería apostarse por políticas que puedan generar una ruta turística singular de gran atractivo para los millones de turistas que visitan España. En lugar de esto, seguimos con yacimientos sepultados, con las calles mal pavimentadas, con una recogida de basuras deficiente, y con unas infraestructuras cada día más deterioradas. Suben los impuestos y sin embargo los servicios son peores.

Hace unos días leíamos en la prensa que el alcalde proponía la creación de una segunda línea de tranvía para hacer más atractiva la explotación de una infraestructura que sigue parada. En mi opinión, esto no es hacer política, esto es pura elucubración. Si la creación de una primera línea ha sido un fracaso y ha generado una deuda de primera magnitud, persisitir en el error no es una buena idea, al contrario, copiar modelos de ciudad sin un análisis serio es una mala práctica que no nos sacará de la ruina. Jaén, con una población de poco más de 115.000 habitantes nunca ha necesitado un tranvía, lo que sí necesita con urgencia es una gestión eficiente de sus recursos y un plan viable de ciudad para el siglo XXI.

Permítanme, mostrar un par de ejemplos sobre como no hay que hacer las cosas.

Semanas atrás el Ayuntamiento traspuso el paso de cebra de la calle Santo Reino unos metros para evitar el peligro que suponía la cercanía del mismo con la Avenida Madrid. Una buena decisión que pretende evitar accidentes. Sin embargo, para forzar a los transeúntes a tomar la dirección adecuada, se valló la acera con la intención de evitar cruzar la calle por donde no corresponde. El  problema es que, al realizar esa obra, no se comprobó que se bloqueaba el paso de una parada de ambulancias que tiene el estacionamiento permitido por el propio Ayuntamiento, delante de una mutua de accidentes. Solo las quejas de los afectados impidieron la aberración que suponía vallar esa zona y, finalmente, se corrigió el error.

Para acabar, quiero cuestionar la orden por la cual se han cerrado los vestuarios de la Salobreja cuando todavía hay clubes de natación nadando en la piscina. ¿Dónde se supone que deben cambiarse los nadadores?

Que mi hija quedará encerrada en el vestuario durante más de una hora porque el responsable de turno no comprobó que las instalaciones estuvieran vacías antes de cerrar la puerta solo ha quedado en una anécdota de mal gusto. A fin de cuentas no tuvo consecuencias negativas, a pesar del mal rato que pasó la chiquilla. Pero que no se permita el acceso a los vestuarios mientras su uso es necesario, es una decisión difícil de justificar.

Decía Margaret Mead: “Nunca dudes que un pequeño grupo de ciudadanos considerados pueda cambiar el mundo. Verdaderamente, eso es lo único que lo ha logrado”. A ver si tenemos suerte y en breve aparece un grupo de personas honestas que sean capaces de revertir la situación en la que nos encontramos. Quiero ser optimista.