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POR PLÁCIDO CABRERA

Hace unos días que el nuevo responsable del Instituto Cervantes, ha comentado que “el español goza de buena salud en Estados Unidos y que nada impide enseñar el español en América” y manifiesta sus deseos de que el “Instituto Cervantes se vuelque en Iberoamérica y aporte una oferta cultural más amplia y excelente que acompañe a la enseñanza del idioma”. Asimismo el codirector de la investigación valor económico del español, ha recordado que “El español es nuestro producto más internacional y también el más internacionalizable. El español, lengua plurinacional y multiétnica, posee hoy una creciente capacidad de crear valor económico. Un valiosísimo bien público, que cohesiona una comunidad”. Estos afanes por incrementar el número de personas y lugares donde el español sea más conocido, contrastan con las dificultades existentes en el interior del propio territorio español. En la actualidad hay varias Comunidades Autónomas en las que estudiar en español cada vez resulta más difícil. También un español se encuentra con dificultades para entenderse en la lengua española porque las calles, las señales de tráfico, los impresos oficiales y un largo etcétera están en el idioma de esa Comunidad. Además, resulta grotesco que con la situación económica actual, con un déficit público enorme y con una de las mayores tasas de desempleo en Europa, nuestros políticos estén planteando destinar más recursos económicos para posibilitar el uso de las lenguas oficiales en cualquier otra comunidad autónoma que no sea aquella en la que esa lengua es hablada, como si todos los españoles no pudiéramos comunicarnos en una misma lengua.