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POR CARMELA COBO SOTO, EXPERTA EN PSICOLOGÍA Y SEXOLOGÍA

El verano es una época cargada de positivismo. Es la época de más luz, de más calor y  la época en la que la mayoría de las personas dedicamos un tiempo a descansar y cargar las pilas, la época de las maravillosas vacaciones. Todo lo que aparezca en nuestra vida en esa época, va a tenerlo fácil para ser asociado a emociones positivas. Esto va a hacer que lo aprendamos, recordemos, y deseemos con mayor intensidad. Siempre resulta difícil volver a las rutinas después de vacaciones pero, más aún, en verano. En verano, gracias al sol, nos dedicamos a realizar actividades en contacto con la naturaleza y disfrutamos más del descanso. Descansar no es solo dormir o pararse. Un descanso para nuestra mente es dejar de hacer lo que se lleva haciendo durante todo el año y experimentar actividades, paisajes y personas nuevas. A nuestra mente le gustan los cambios porque estos la sorprenden y le hacen prestar atención.

Arthur Aron de la Universidad de Stony Brook nos recuerda que la “ansiedad de afecto” consustancial a los seres humanos nos lleva a valorar positivamente cualquier relación de pareja, ya que responde a las necesidades habituales de compresión, afecto, y aceptación por parte de los demás. Cuando estas necesidades dejan paso a otras diferentes, (compartir actividades, plantear objetivos comunes y el desarrollo de una mayor intimidad, complicidad y confianza) se puede decir que la relación es algo más que un amor pasajero.

Cualquier nueva relación de pareja ocurrida en verano tiene bastantes posibilidades de parecernos el amor de nuestra vida. Pero, a veces, cuando el verano termina y  volvemos a la rutina, a nuestra verdadera vida, no es fácil traducir esa experiencia a la situación. Con frecuencia, cuando esto pasa y una de las partes se  convence rápidamente de que esto está pasando, termina la relación. Es entonces cuando la otra parte quede enganchada en un tremendo desconsuelo sufriendo de desamor.  Si eres una de esas personas que has quedado enganchada a un amor de verano y crees que nunca vas a poder volver a enamorarte, tengo buenas noticias para ti. Es fácil enamorarse pero no tan fácil que un enamoramiento se convierta en amor. El amor se construye y se trabaja continuamente y por parte de ambos miembros de la pareja. Son las actividades compartidas, los objetivos en común, la intimidad, la confianza y la complicidad vividas a diario la que construyen ese amor. Si una parte ha decidido no trabajar por este amor no merece la pena perder el tiempo.

Aquí te dejo cinco consejos que te ayudarán a dejar atrás los fantasmas del verano.

  • Céntrate en el presente y en lo que puede venir. Acepta la historia tal como fue y no cambies el argumento. Nada de estancarnos recordando e inventando el pasado. Nada de idealizar ese amor que ya forma parte del pasado. No compares el presente con el pasado y busca lo positivo del ahora que seguro que es mucho.
  • Cambia tu dialogo interno, un desamor no es un fracaso es una oportunidad de aprender. Háblate como hablarías a tu mejor amigo o amiga. Aconséjate lo mismo que aconsejarías a esta persona.
  • Escribe tus pensamientos la escritura es una herramienta terapéutica que nos ayuda a poner las ideas en orden.
  • Disfruta todos los días de un buen paseo. Caminar ayuda a poner en forma cuerpo y mente. Disfruta de tus aficiones ya que el ocio es uno de los ingredientes más importantes en la receta de la felicidad.
  • Fíjate tres objetivos que quieras alcanzar en los próximos seis meses. Estos objetivos tienen que ser medibles, concretos y realistas. No vale como objetivo “ser feliz”, si vale “visitar a un amigo que hace tiempo que no veo”.

Rodéate de los  que te quieren y no dejes que te hagan sufrir demasiado los fantasmas del verano.  FELICES RELACIONES Y FELIZ SEXUALIDAD.

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