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POR LUIS HEREDIA, abogado y escritor 

Cierto es que se enfrentaron a los avatares de la vida ya desde muy pequeños. Se pusieron malitos y, tras unas pruebas y más pruebas, los médicos determinaron que padecían eso que nadie queremos escuchar. Ahora exponen la heroicidad de estos  niños y niñas, sacarán el libro de su lucha titánica contra el gigante de la enfermedad llamado Goliat, pero hoy, perdonarme, no voy hablar de ellos aunque habría que rellenar millones de páginas con su ejemplo. Quiero contaros que con estos niños y niñas hay otros héroes: los que han llorado en silencio para no ser vistos; los que se han pegado a su cama día sí y día también velando sus sueños; los que despertaban día sí y día también suplicando que esos suspiros que pegaban sus pequeños o sus pequeñas fueran de recuperación; los que se tragaron sesiones y sesiones de quimio, de radioterapia; los que tuvieron que dejar sus vidas diarias para cuidar de quienes más amaban y escucharon temblando el nuevo parte médico de esperanza y, en ocasiones, de no tanta esperanza. Sin duda, los niños que solo debían de estar jugando y que soportaron en sus propias carnes el golpe del destino son unos auténticos héroes. Pero, ¿y sus padres? Imaginaros el cambio en sus vidas, cuando los médicos os dicen que nuestros retoños tienen algo muy malo y que hay posibilidades de supervivencia pero…cuidado. Es entonces cuando sin duda surge el infierno. Por eso, porque cuando en un segundo que viene en forma de fiebre o de manchas o de cualquier otra forma en unos seres tan pequeños a los que tanto se ama y  todo cambia en la vida de sus padres, nacen unos héroes: ¡Ellos!

Entonces sentirán el cariño de los verdaderos amigos alrededor, pero solo ellos sabrán lo que  es sufrir y ahogarse en silencio hasta que el malo sale del cuerpo de sus pequeños, si sale y no les vence y, ante todo, y si algo positivo se puede sacar, después de esas pesadillas terribles sabrán saborear lo que es vivir, y dejarán de un lado las ñoñeces que nos invaden a todos los que día a día nos quejamos por estupideces, los que discutimos por tonterías, los que nos ahogamos en un vaso de agua. Detrás de esas fotografías que veis en la exposición de mis héroes, veréis algo que no se ve, en el fondo blanco. Fijaros bien. Son esos padres que han estado meses, años junto a sus hijos sin separarse ni un solo segundo. Que sacaron músculos en el alma para que sus vástagos no los vieran llorar; que rieron con ellos cuando se quedaron sin pelo y sus caritas blancas no anunciaban nada bueno para animarlos aun teniendo nudos en el corazón. Y, sobre todo, que en muchas ocasiones sintieron el abrazo reconfortarle y fueron acompañados por gente extraordinaria de la Asociación Jiennense de Niños con Enfermedades de la Sangre, ALES,  por mencionar a alguien. En fin, padres, madres, vosotros sois sus héroes y también, mis héroes. Besar y llenar de abrazos a  esos pequeños supermanes o spidermanes o supergirls  y dar esperanza a esos nuevos padres que en cualquier momento recibirán el diagnóstico de la palabra maldita en la dolencia de sus hijos y que deberán enfrentarse a Goliat.

PARA LOS HÉROES QUE VELAN POR EL SUEÑO DE SUS PEQUEÑOS EN SU LUCHA CONTRA GOLIAT Y PARA EL NIÑO QUE QUERÍA SER TORERO, ALLÍ DONDE ESTÉS MAESTRO.

14-AGOSTO-2017