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POR  JUAN PEDRO RODRÍGUEZ, profesor y autor de “El paripé o los desertor@s de la tiza”

 

Por fin se ha pasado ya el plazo que el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía me ha dado por si quería presentar un recurso de casación a su fallo de hace poco más de un mes (Sentencia 1/2017)  por el que no me admite el recurso de apelación que le presenté cuatro años antes (sí, cuatro años, el 2013-01-04), como si semejante parto de los montes precisase de esa enorme gestación para dar a luz engendro tan espantoso. Han sido 1450 días de espera en los que he sido eternamente el número 344/13 como recurrente y, como persona –que es como mejor se miden los tiempos judiciales-, he sido también ese españolito que ha visto morir a su padre, que ha pasado a ser profesor jubilado, que ha visto también morir a su madre y que hasta ha superado un cáncer). Mi apelación era contra la Sentencia de un contencioso en el que hube de meterme año y medio antes (el 2011-07-28)  recurriendo así contra un Expediente disciplinario reincoado (el 2010-09-14) después de haber estado casi tres años esperando a que un juzgado de lo penal cerrara en falso -tras tres posposiciones de juicio- una denuncia contra mí aceptada por un juzgado de instrucción (el 2007-11-19) para dar más fuelle a unas acusaciones propias de una antología del disparate. Y semejante follón con la básica excusa de haber publicado yo por entregas en internet la novela El paripé o los desertor@s de la tiza entre Abril, Mayo y Junio de ese año, “recurso extrajudicial” que hube de utilizar por entonces ya que el mobbing que sufrí en mi IES por parte de la directiva y el Consejo escolar lo denuncié en la Delegación de Educación (el 2005-02-21) pero se pudo constatar que dicha denuncia no sólo no era utilizada contra los acosadores sino que era burdamente tergiversada y vuelta contra mí. ¡Doce años exactos se han cumplido el 21 de Febrero esperando justicia de la Justicia! ¡4380 días buscando justicia para recibir hace unas fechas el portazo de la inadmisión de mi último recurso con la “excusa legal” de que no llegaría a 30.000 euros lo que yo –si fuera dinero lo que reclamara-  reclamaría! ¡Vivir para ver! ¡Anda, profesorcito valiente: recúrreme otra vez!

Pero, ¿cómo voy a recurrir otra vez si el recurso a que se me aboca -por el montón de requisitos legales que precisa la casación- me lo rechaza el Tribunal Supremo al día siguiente de verlo aunque espere a comunicármelo otros cuatro años? ¿Cómo voy a tocar en la puerta que me cierra la Justicia para que me contesten un año de estos diciéndome que en vez de tocar en esa puerta lo que tengo que hacer es asomarme por la ventana del quinto piso? ¿Cómo voy a recurrir ya otra enésima vez ni ante la Virgen Santísima si tengo tras doce años la completa seguridad de que ni Magistrados de TSJ, ni Jueces de lo Contencioso, ni Jueces de lo penal, ni Jueces de Instrucción, ni Directores generales de educación, Ni Delegados de educación, ni Inspectores instructores, ni Inspectores a secas, ni siquiera simples Presidentes de AMPAS, nunca se han molestado ni en leer ni una sola de mis dos alegaciones, ni una sola de mis cuatro contradenuncias, ni uno solo de mis dos escritos de defensa, ni una sola de mis diez apelaciones, …?

Y, sobre todo, ¿cómo voy a pretender a estas alturas que ni uno solo de esos representantes de la Justicia pose sus ojos sobre la falsificada firma del folio 58, o sobre el eliminado parrafito del folio 89 (que sí está en el folio71), o sobre el nombre del claustral no firmante añadido a firmantes del folio 49, o sobre la prevaricación probada en el folio 52, o sobre el falso certificado del folio 143, o sobre la falsedad del informe del folio 135, o sobre el rengloncito escrito a mano del para mí determinante folio 363, … cualquiera de ellos suficiente como para anular de plano y per se un Expediente que se basa en esos folios?

Y, peor aún: ¿cómo voy a esperar tan inocentemente que quienes sí hayan leído esos folios le den ya de una vez su justo valor legal?

Bien saben Dios y multitud de compañeros de mi profesión que la única justicia que se ha visto en mi caso me la proporcionó la publicación de mi novela, que provocó que reventara el cajón donde se pudría la denuncia del inútil mobbing urdido contra mí. Y me temo que la historia se va a tener que repetir: no va a quedar otro remedio que continuar la novelación de asunto tan rocambolesco, pese a que la ficción resultante no pueda superar nunca a la increíble realidad. ¡Porque la realidad de lo que se ha pretendido hacer con mi vida está ya bien clara y probada documentalmente! En efecto, mi empecinamiento me ha hecho tirar de la cuerda del folio 363, meterme por mi cuenta en un par de contenciosos paralelos contra la Delegación de Educación de Jaén y ello me ha ido proporcionando en estos años de espera –aunque todo tan a destiempo judicial- prácticamente toda la documentación ajena pero conexa a la que se utilizó para expedientarme, documentación a la que la Justicia parece renunciar cerrándome las puertas como si de otro cajón se tratase.

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