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POR LUIS HEREDIA, abogado y escritor 

Claro que os echo de menos. Mucho. Siempre pensé que alguna vez llevarías de la mano a mis hijos, como lo hacías con nosotros de pequeño. Pero ya no estás, papá o mamá. Claro que echo de menos a mis raíces, claro. ¿Te acuerdas cuando bajábamos por las escaleras del ferial antiguo con tu mano asida a la mía y las dos torres iluminando a ambos lados la ciudad? Ante nosotros que solo éramos niños y que creíamos ibais a estar toda la vida se abría un mundo de ilusión, de atracciones, de jaeneros disfrutando de sus familias. Pero ahora ya no estáis para llevarme de la mano y os juro que a veces me faltan las fuerzas. Claro que echo de menos esas series que nos ponías los sábados por la tarde, Marco, Heidi, esas voces llamando a nuestros amigos desde la calle en las horas del hastío veraniego. Ahora, no te lo vas a creer, lo hacen a través de sus teléfonos móviles con no sé qué aplicación. Watsat creo que se llama. Pero antes corríamos detrás del camión de la basura, jugábamos al colache mirando a los ojos del primer amor, a los indios y pistoleros, a los platetes, al trompo, a las canicas, a la una mi mula. Te llamaba papá o mamá desde una cabina de teléfono con cinco pesetas que me dabas y corríamos detrás del pan y aceite con chocolate que todas las tardes a la hora de la salida del colegio preparaba la abuela.

Ahora no, ahora ellos, nuestros hijos, solo hablan por el móvil, una y otra vez. Ya no juegan. No sé en qué hemos avanzado, pero hemos perdido ese lazo de unión que antes había en las familias, porque están más pendientes del móvil encerrados en su habitación que de si nos hace falta unas palabras de cariño a nosotros, sus padres. Piensan que somos de piedra. Ahora que ya no estás, papá, mamá, recuerdo las noches de verano con las familias al fresco repletos de bolsas de basura alrededor, porque no había contenedores, y éramos felices, muy felices. Si alguna vecina o vecino no bajaba íbamos a ver qué pasaba para conocer cuál era su problema. Ahora solo les preocupa los grupos de gente a través de sus aplicaciones y escribir y escribir la mayoría de las veces frases ininteligibles. Ya no se escucha en las calles el sonido del tono de voz del amigo para darte un bocado de su bocadillo que le había preparado su madre a la tarde, ni vemos a los niños jugar al futbol en mitad de la carretera llena de baches esquivando a los coches. Claro que te echo de menos papá, mamá, os fuisteis y creíamos que ibais a estar siempre y que nosotros nunca íbamos a ser los padres o las madres. Solo quería contaros cómo ha cambiado un poco todo. ¿Os acordáis del cine de verano de la piscina del estadio a la que íbamos con la cena en la cesta de casa para ver una del oeste? ¿Y del cine los sábados a la noche todos juntos en casa en el televisor en blanco y negro? Entonces olía a familia. Ahora cada dos por tres salta el dichoso tono que indica que alguno de los móviles de  tus nietos ha recibido un nuevo watsat. Sinceramente, para mí, una forma de separación del lazo de unión que entonces nos ataba a vosotros sin ninguna tecnología. Claro que os echamos de menos los de la generación de hace treinta o cuarenta años atrás, porque con muy poco, solo con vuestras miradas y presencia,  éramos felices. Ahora, cuando los días pasan y cada día parece que fue ayer el que partisteis, os echamos de menos, mucho, porque nos enseñasteis que el amor está en la familia y no en el tener, en el poseer. Yo, os echo de menos.

14-AGOSTO-2017