JAÉN.- La Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Jaén ha juzgado a un hombre de 82 años acusado de agredir sexualmente de forma continuada a sus dos nietos, un niño y una niña que contaban con 14 y 10 años respectivamente cuando se interpuso la denuncia. El Ministerio Fiscal solicita para el acusado una pena de 20 años de prisión, así como la prohibición de acercarse o comunicarse con los menores durante diez años y una indemnización de 6.500 euros para cada uno de ellos en concepto de daño moral. El juicio ha quedado visto para sentencia.
Fue una sesión sobre violencia sexual impartida por agentes de la Policía Nacional en el colegio de la menor lo que desencadenó la investigación. La niña se reconoció en lo que allí se explicaba y decidió contarles a las dos agentes que acudieron al centro lo que supuestamente le venía ocurriendo con su abuelo. Sin atreverse a decírselo directamente a su madre —por miedo a generar conflictos familiares derivados de la separación de sus padres—, pidió a las agentes que lo hicieran ellas. Previamente, la menor había grabado en secreto con su propio teléfono dos vídeos en los que aparece el abuelo con ella en la habitación, con la intención de poder demostrar lo sucedido si su padre no la creía. Ambas grabaciones fueron reproducidas durante el juicio.
Finalmente, la Policía Nacional contactó con la madre, que fue quien interpuso la denuncia formal. A partir de ese momento, ambos menores relataron en sede judicial las prácticas a las que supuestamente les sometía el abuelo.
Las declaraciones de los menores, en prueba preconstituida
Los testimonios de los menores se incorporaron al juicio mediante la reproducción de la prueba preconstituida. En ella, tanto la niña como el niño describieron distintos episodios en los que el acusado aprovechaba el momento de la siesta para cometer los presuntos abusos. «Al principio yo no sabía qué era lo que me hacía», declaró la niña, quien explicó que fue tomando conciencia de lo ocurrido conforme fue creciendo. Relató que todo comenzó tras la separación de sus padres, cuando los menores pasaban más tiempo en casa de los abuelos paternos, y que no contó nada porque su abuelo se lo pedía y porque, cuando sí se lo dijo a su abuela, esta también le pidió silencio.
El acusado niega los hechos; el padre apunta a la madre
El acusado negó durante su declaración todas y cada una de las acusaciones. Aseguró que tenía «muy buena relación» con sus nietos y que «nunca» sucedió nada de lo que estos relataron. «Es mentira todo lo que he visto. Ahí no hay nada, yo nunca he tentado nada», afirmó el octogenario.
La madre de los menores, que declaró como testigo, aseguró no haber notado nada inusual en sus hijos y no haber sabido nada de lo ocurrido hasta que la Policía se puso en contacto con ella. Señaló que su único deseo es que el acusado no vuelva a acercarse a sus hijos.
Por su parte, el padre de los menores, también testigo en el juicio, acusó a su expareja de estar detrás de los hechos y afirmó no haber visto los vídeos grabados por su hija.
Los psicólogos avalan la credibilidad del testimonio de los menores
Los psicólogos de la entidad Márgenes y Vínculos que declararon en el juicio concluyeron que el testimonio de ambos menores tiene credibilidad y es compatible con haber sido víctimas de violencia sexual.















